Mi reseña de Inglourious Basterds: si quieren Tarantino, aguántense. Basterds está sobredialogada y ejerce excesivamente el recurso tarantinesco del golpe en la jeta luego de un sopor de 10 minutos de dos tipos hablando de absolutamente nada. Pero yo creo que es encantadora. La secuencia inicial me recordó aquella del merendero en Pulp Fiction. Dos personas desayunando súbitamente cambian el mood a un asalto a mano armada. Acá, por supuesto, estamos hablando de la Francia ocupada en la SGM, pero a ratos parece que el buen fermier se saldrá con la suya y el villano nazi (Christoph Waltz, por mucho el mejor personaje) se irá con las manos vacías. No con Tarantino, por supuesto. Es un estilo y una marca registrada, y se repite una y otra vez durante Basterds: esos momentos “ay nanita”, como cuando el oficial de la SS sale de su escondite o el infeliz del Coronel Landa le pide un vaso de leche a la judía encubierta (Mélanie Laurent) o cuando, cenicientamente, la doble agente es descubierta en la parte final del filme. Por supuesto, esta estructura (diálogo, diálogo, diálogo y de repente, ¡cachazo en la nuca!) se presta a la malinterpretación y la desilusión. Los Basterds del título no brillan como quizá deberían. Apenas y nos enteramos de sus hazañas, pero en realidad no las vemos suceder (Hugo Stiglitz, por ejemplo, es una especie de Boba Fett del que se dice que es un matón indestructible, pero por desgracia sólo llegamos a ver cómo lo matan al pobre diablo). ¿Y eso está mal? En Star Wars, asumimos que Obi-Wan Kenobi era un Jedi hipercabrón, pero lo único que podemos ver es un carcamal decrépito. Corte a: las guerras clónicas en Cartoon Network, un fail total. Otro caso: cuando terminó Kill Bill, vol. 2, me decepcionó enormemente no ver a la Novia y a Bill partirse la madre en un duelo de espadachines épico. Pero entendí, a regañadientes, que ese no era el punto del filme. Además, mis ansias de sangre se habían quedado relax con la madriza con los Crazy 88. Listo. Basterds no es ese tipo de película, es más un ejercicio a la Kurosawa sobre cómo se dio una serie de anécdotas tontas, una fantasía bélica donde Hitler muere y los papasfritas del Tercer Reich perecen en un incendio. Como tal, me encantó. Tengo que decir que, a mi parecer, no contiene la autocomplacencia aburrida de Death Proof, pero tampoco es tan virtuosa como Pulp Fiction o Reservoir Dogs. Pero sí es muy satisfactoria.
Y la tipa de la foto es hermosa. Oh sí.
—Le Ruys

Mi reseña de Inglourious Basterds: si quieren Tarantino, aguántense. Basterds está sobredialogada y ejerce excesivamente el recurso tarantinesco del golpe en la jeta luego de un sopor de 10 minutos de dos tipos hablando de absolutamente nada. Pero yo creo que es encantadora. La secuencia inicial me recordó aquella del merendero en Pulp Fiction. Dos personas desayunando súbitamente cambian el mood a un asalto a mano armada. Acá, por supuesto, estamos hablando de la Francia ocupada en la SGM, pero a ratos parece que el buen fermier se saldrá con la suya y el villano nazi (Christoph Waltz, por mucho el mejor personaje) se irá con las manos vacías. No con Tarantino, por supuesto. Es un estilo y una marca registrada, y se repite una y otra vez durante Basterds: esos momentos “ay nanita”, como cuando el oficial de la SS sale de su escondite o el infeliz del Coronel Landa le pide un vaso de leche a la judía encubierta (Mélanie Laurent) o cuando, cenicientamente, la doble agente es descubierta en la parte final del filme. Por supuesto, esta estructura (diálogo, diálogo, diálogo y de repente, ¡cachazo en la nuca!) se presta a la malinterpretación y la desilusión. Los Basterds del título no brillan como quizá deberían. Apenas y nos enteramos de sus hazañas, pero en realidad no las vemos suceder (Hugo Stiglitz, por ejemplo, es una especie de Boba Fett del que se dice que es un matón indestructible, pero por desgracia sólo llegamos a ver cómo lo matan al pobre diablo). ¿Y eso está mal? En Star Wars, asumimos que Obi-Wan Kenobi era un Jedi hipercabrón, pero lo único que podemos ver es un carcamal decrépito. Corte a: las guerras clónicas en Cartoon Network, un fail total. Otro caso: cuando terminó Kill Bill, vol. 2, me decepcionó enormemente no ver a la Novia y a Bill partirse la madre en un duelo de espadachines épico. Pero entendí, a regañadientes, que ese no era el punto del filme. Además, mis ansias de sangre se habían quedado relax con la madriza con los Crazy 88. Listo. Basterds no es ese tipo de película, es más un ejercicio a la Kurosawa sobre cómo se dio una serie de anécdotas tontas, una fantasía bélica donde Hitler muere y los papasfritas del Tercer Reich perecen en un incendio. Como tal, me encantó. Tengo que decir que, a mi parecer, no contiene la autocomplacencia aburrida de Death Proof, pero tampoco es tan virtuosa como Pulp Fiction o Reservoir Dogs. Pero sí es muy satisfactoria.

Y la tipa de la foto es hermosa. Oh sí.

—Le Ruys

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